lunes, 10 de octubre de 2016
Los besos en el pan, de Almudena Grandes
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Lecturas 1er. trimestre 2016-2017
FECHA
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TÍTULO
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AUTOR
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11-Oct-2016
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Los besos en el pan
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Almudena Grandes
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25-Oct-2016
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El cielo ha vuelto
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Clara Sánchez
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08-Nov-2016
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Matar a un ruiseñor
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Harper Lee
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22-Nov-2016
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Instrumental
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James Rhodes
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¿07-Dic-2016?
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El pianista del gueto de Varsovia
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Wladyslaw Szpilman
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miércoles, 15 de junio de 2016
Resumen de la temporada 2015-2016
Mary, criada con dureza por sus padres, va a servir a casa del vicario, quien la enseña a leer y escribir. Por eso puede escribir la historia de su vida, aunque ésta, así como su final, es terrible. A pesar de que la novela nos gustó bastante, nos quedamos con una sombra de pesimismo. ¿Será verdad la frase que decía que: “en las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan, suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas”?
lunes, 29 de febrero de 2016
El balcón en invierno, de Luis Landero
Asomado al balcón, "ese espacio intermedio entre la calle y el hogar, la escritura y la vida", el autor rememora un anochecer del verano de 1964, también en el balcón, junto a su madre. Es el verdadero comienzo de El balcón en invierno. Landero ha decidido que escribirá sobre su propia vida, sobre sus orígenes, sus antepasados, su adolescencia y juventud. Nada más alejado de la ficción que la propia vida:
"No, esta vez no hay mentiras. Es un libro donde todo lo que se dice es verdad."
Así, el proyecto de novela se transforma en un álbum de fotos literario en el que acompañamos al autor en un viaje por su memoria. Un viaje desordenado, como son los baúles de los recuerdos, en el que tan pronto avanzamos como retrocedemos en el tiempo: sus orígenes campesinos, la relación con su padre, sus recuerdos de infancia y adolescencia, los parientes y antepasados, su descubrimiento de la poesía y la literatura... Todo ello salpicado de numerosas reflexiones y contado con la maravillosa prosa del escritor extremeño.
Las evocaciones y los recuerdos de Landero tienen la virtud de producir en el lector una especie de "desdoblamiento", pues, inevitablemente, la atención se distrae y se encuentra, de repente, inmersa en los recuerdos, en la infancia, en los antepasados y en los orígenes propios, no tan distintos, en algunos aspectos, de los del autor.
OTRAS OPINIONES
-> El País: Crítica en de "El balcón en invierno"
-> Blog El Placer de la Lectura: Reseña de "El balcón en invierno"
miércoles, 3 de febrero de 2016
Andamios, de Mario Benedetti
Más de una vez me siento expulsado y con ganas
Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche, duelen de noche bajo el sol.”
Como Benedetti, como tantos otros, el argentino Juan Gelman tuvo que irse de su propio país en aquellos años, no tan lejanos, en que las dictaduras militares se extendieron como un tumor por Latinoamérica. Ambos saben de lo que hablan cuando hablan del exilio.
Del exilio y, sobre todo, del desexilio (del regreso) trata la novela que hemos leído esta quincena. Mario Benedetti lo aborda desde todos los puntos de vista: el reencuentro con la familia, con los que se quedaron y sufrieron represión, con quienes se acomodaron, con la propia ciudad, con los recuerdos…
La tertulia fue especialmente emotiva gracias a la exposición de nuestra querida compañera Marita, que compartió con nosotros, –emocionándose y emocionándonos a todos en más de una ocasión-, su propia experiencia como argentina que también tuvo que salir de su país.
Hablamos del desarraigo del exilio, de los crímenes cometidos, de la sensación de derrota, que marca toda una vida… pero también de esperanza.
Marita nos leyó este maravilloso y tremendo poema suyo escrito, según nos dijo, al poco de llegar a España. Con su permiso, lo reproduzco:
Vendrán desde el pasado
con sus pasos menudos
los recuerdos,
las cartas clandestinas
y las palabras claves.
los rostros olvidados,
esperanzas violetas
de un ramo ya marchito
a contarnos el sabor
que nos llena la boca
con el agrio fracaso.
y estaremos aquí
esperando
esperando.
martes, 15 de diciembre de 2015
Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos
martes, 1 de diciembre de 2015
Crónicas marcianas, de Ray Bradbury
Si usted me pregunta si creo en el espíritu de las cosas usadas, le diré que sí. Ahí están todas esas cosas que sirvieron algún día para algo. Nunca podremos utilizarlas sin sentirnos incómodos. Y esas montañas, por ejemplo, tienen nombres... Nunca nos serán familiares; las bautizaremos de nuevo, pero sus verdaderos nombres son los antiguos. La gente que vio cambiar estas montañas las conocía por sus antiguos nombres. Los nombres con que bautizaremos las montañas y los canales resbalarán sobre ellos como agua sobre el lomo de un pato. Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos. Y nos pondremos furiosos, ¿y sabe usted qué haremos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza.
- No arruinaremos este planeta -dijo el capitán-. Es demasiado grande y demasiado hermoso.
-¿Cree usted que no? Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenernos un talento especial para arruinar las cosas grandes y hermosas…
Aunque siga brillando la Luna (Crónicas marcianas)
Más que una novela, Crónicas marcianas es un conjunto de relatos a los que Ray Bradbury tuvo que dar una apariencia de unidad y continuidad, condición que le puso el editor para ser publicados conjuntamente. Su hilo conductor es la llegada del Hombre a Marte y la colonización de este planeta por parte de los terrícolas, al tiempo que la Tierra se ve inmersa en una guerra atómica.
Los relatos, bastante desiguales en extensión, narran distintas facetas de esta colonización, comenzando en 1999, con los intentos fallidos de las primeras expediciones, y abarcando hasta el año 2026.
¿Puede escribirse ciencia-ficción y utilizar un lenguaje poético? La respuesta es que sí, y así lo demuestra Ray Bradbury en muchas páginas de estos relatos, en especial, en las que describe el paisaje marciano.
Puede decirse de Bradbury que sus relatos carecen del rigor científico que sí tienen otras obras de ciencia-ficción, pero no es el rigor científico lo que busca el autor. Porque Crónicas marcianas es una especie de parábola o reflexión sobre cómo se ha comportado históricamente el Hombre cuando ha descubierto nuevos territorios. Se trata aquí de Marte, pero antes fue la conquista de América, o la del Oeste norteamericano, o la colonización de África o de Asia. Siempre nos hemos acercado a lo nuevo desde la superioridad, no desde el respeto y el deseo de entendimiento. Siempre hemos sometido. Y aun cuando las primeras intenciones pudieran ser distintas, como dice Spender en el fragmento que encabeza esta entrada: “tenemos un talento especial para arruinar las cosas”.
Son varios los temas que trata Bradbury y, casi todos, desde un punto de vista de crítica social. Desde la falta de respeto por las civilizaciones descubiertas, hasta el exceso de tecnología que, ya en 1950, el autor detectaba como factor de deshumanización (“los marcianos se detuvieron donde nosotros debíamos habernos detenido hace un siglo”, dice Spender en otro pasaje).
También critica duramente Ray Bradbury el racismo, en el capítulo Un camino a través del aire, y nos ofrece un pequeño adelanto de sus temores sobre una sociedad con una rígida censura, que no permite el arte y quema sus libros. Tres años más tarde, publicará Fahrenheit 451, pero en el relato titulado Usher II, tenemos un esbozo de esa sociedad.
No falta tampoco el humor y, como muestra, el comienzo del relato Los hombres de la Tierra, con un casi “berlanguiano” primer encuentro entre los terrícolas y un ama de casa marciana.
Otros relatos que merecen ser destacados, desde mi punto de vista, son La tercera expedición, La mañana verde, El marciano, y los cuatro últimos, sin excepción: Los pueblos silenciosos, Los largos años, Vendrán lluvias suaves y El picnic de un millón de años.
Vendrán lluvias suaves es un desgarrador relato que describe el funcionamiento automático de una casa robotizada en la Tierra durante mucho tiempo después de que sus habitantes hayan muerto por la guerra atómica. En él, Bradbury incluye este precioso poema de Sara Teasdale, que habla de lo poco que le importará a la Naturaleza que el Hombre desaparezca.
Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra,
y golondrinas que girarán con brillante sonido;
y ranas que cantarán de noche en los estanques
y ciruelos de tembloroso blanco,
y petirrojos que vestirán plumas de fuego
y silbarán en los alambres de las cercas;
y nadie sabrá nada de la guerra,
a nadie le interesará que haya terminado.
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la humanidad se destruye totalmente;
y la misma primavera, al despertarse al alba
apenas sabrá que hemos desaparecido.
(Sara Teasdale)

