martes, 15 de diciembre de 2015
Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos
lunes, 16 de noviembre de 2015
Del color de la leche, de Nell Leyshon
“éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano…”
Como si de un mantra se tratase, la protagonista de Del color de la leche repite, al comienzo de cada capítulo, esta frase. Y también nos recuerda en cada capítulo que está escribiendo en el año de 1831, y que se llama Mary, y que puede deletrear su nombre: eme, a, erre, i griega.
No parece nada extraordinario hoy en día, pero, que en la Inglaterra rural de 1831, una niña de familia humilde, hija de granjeros, cuya vida estaba destinada solo a trabajar en el campo, aprenda a leer y a escribir, y pueda contarnos la historia de su vida, eso sí que es extraordinario. Es normal que Mary se sienta orgullosa de poder hacerlo, aunque la historia de su vida no haya sido agradable precisamente.
Mary es la menor de cuatro hermanas y no ha recibido ni una pizca de amor de sus padres. Al contrario, al duro trabajo en la granja se suman un padre cruel y una madre impasible ante el sufrimiento de sus hijas. Tan solo el abuelo, impedido ya para trabajar, parece quererla. Y tan solo para él tiene Mary gestos de cariño.
Mary es enviada a servir en la casa del vicario. Allí, su carácter decidido y su sinceridad sin filtros serán la alegría de los últimos días de vida de la esposa del vicario.
Este se ofrece para enseñar a Mary a leer y escribir, pero, como podemos leer en la contraportada del libro:
“En las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan, suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas.” (Elías Canetti)
Mary consigue leer y escribir, pero la historia que tiene que contarnos es terrible. Como la de tantos millones de vidas que han quedado sin contar a lo largo de la Historia.
Es Mary quien nos cuenta, pues, su historia. Nell Leyshon se ha esforzado por “desaparecer” totalmente de la novela. Así, el texto está escrito sin mayúsculas, con los signos de puntuación, a veces, cambiados, y con un lenguaje espontáneo, casi igual al hablado. Pierde un poco de credibilidad al no tener faltas de ortografía, pero pienso que el lector se olvida de ese detalle.
Sin embargo, a pesar de ese lenguaje, podríamos decir coloquial, de vez en cuando nos encontramos con una descripción o una reflexión sorprendentes. Incluso se observa una mayor elaboración en la forma de narrar a medida que avanza la novela.
“a veces tener memoria es una buena cosa, porque ahí está la historia de tu vida y sin ella no habría nada, pero otras veces tu memoria guarda cosas que preferirías no volver a saber nunca y, por mucho que intentes quitártelas de la cabeza, siempre vuelven.”
Es evidente que, no solo en la perspectiva desde la que la historia está narrada, sino, sobre todo, en el hecho de que sea la propia Mary, que acaba de aprender a leer y escribir, quien nos la cuente, radica el principal logro de la novela.
La sabiduría de Nell Leyshon ha sido quedarse en segundo plano y ceder la palabra a Mary.
jueves, 29 de octubre de 2015
La lluvia amarilla, de Julio Llamazares
Hace ya doce o trece años que comentamos en La Tertulia La lluvia amarilla. Ha sido, quizá, la novela que más huella me ha dejado de cuantas hemos leído y, por ello, este año propuse que volviéramos a leerla.
Esta segunda lectura ha sido igual de placentera y, al mismo tiempo, igual de dolorosa que la primera. La historia de Andrés, –solo al final conocemos su nombre-, el último habitante, el último superviviente de Ainielle, se lee con el corazón encogido. Solo queda él, sin otra compañía que la de su fiel perra, sus recuerdos y sus muertos.
Desde el principio, la novela te atrapa. Andrés, en el último día de su vida, imagina cómo será el momento en que los habitantes de otros pueblos suban a Ainielle para buscarle y enterrarle.
Toda la novela es un monólogo del protagonista, que nos va contando cómo todas las casas del pueblo se fueron cerrando, marchando sus habitantes en busca de una vida menos sacrificada. Los pocos que quedaron, han ido muriendo. La última, su mujer, Sabina, que se suicidó dejándolo ya completamente solo.
La muerte de Ainielle es la muerte de una forma de vida que pertenece ya al pasado. Así lo han entendido los vecinos que se han ido yendo, incluido el hijo de Andrés, que se marchó en contra de la voluntad de su padre, quien veía en él la última esperanza de que su casa y, quién sabe si también el pueblo, sobreviviesen. Por eso le dice las palabras que hoy en día nos parecen tan duras y descarnadas, dichas por un padre a su hijo:
“Se lo había dicho claramente el primer día. Si se marchaba de Ainielle, si nos abandonaba y abandonaba a su destino la casa que su abuelo había levantado con tantos sacrificios, nunca más volvería a entrar en ella, nunca más volvería a ser mirado como un hijo.”
La lluvia amarilla, la metáfora que da título a la novela, aparece de manera recurrente. Partiendo de la imagen, más evidente, de las hojas muertas de los árboles cayendo en el otoño, la lluvia amarilla simboliza el olvido, el paso del tiempo, la decrepitud. El amarillo es el color de todo eso. Y es también el color de las fotografías cuando envejecen, de los recuerdos que se diluyen en la memoria tras tantos años. Y el color de las pesadillas, de las visiones, de la locura y el delirio que provoca la soledad.
Pero, si la historia araña el corazón, la prosa de Julio Llamazares es lo que provoca el placer del lector. Y es que cada página de La lluvia amarilla es pura poesía, pura Literatura. Paisajes, emociones, pensamientos, todo está descrito con tal belleza, que leemos la novela con el corazón herido por la tristeza de lo que se cuenta, pero aliviado por el bálsamo de la poesía.
EL ORIGEN DE LA LLUVIA AMARILLA
El 31 de diciembre de 1986, Julio Llamazares publicaba en el periódico El País un relato breve titulado Nochevieja en Ainielle. Fue el origen de lo que, dos años después, se convertiría en novela. Este es el relato:
--> Nochevieja en Ainielle (El País, 31-12-1986)
EL AINIELLE REAL
Ainielle es un pueblo del Pirineo aragonés que existió de verdad. Y existe, aunque ya hace tiempo que abandonado y en ruinas. Hace unos años, se emitió este reportaje en Televisión Española. Después de haber leído La lluvia amarilla, y haber acompañado hasta el final a su último habitante en la novela, es emocionante escuchar los testimonios de los últimos habitantes del Ainielle real.
--> Ainielle tiene memoria (reportaje emitido en TVE)
OTROS CLUBES DE LECTURA…
Comentarios de otros clubes de lectura que también han leído La lluvia amarilla:
--> Biblioteca de Piedras Blancas (Castrillón, Asturias)
--> Club 1001 lectores (club de lectura en Internet)
--> Club de lectura Sancho III (Nájera, La Rioja)
Este último club hizo llegar a Julio Llamazares sus comentarios y el autor les contestó lo siguiente:
Querido amigo:
Muchas gracias por su carta y por los comentarios que me envía en ella sobre La lluvia amarilla.
Aunque no lo crea, valoro mucho más éstos que los de los presuntos críticos prestigiosos.
Un saludo y recuerdos a las personas de su club.
Julio Llamazares
martes, 6 de septiembre de 2011
El castellano se habla deprisa
¿Sabíais que el castellano y el japonés son, de entre los grandes idiomas del mundo, los dos que más deprisa se hablan? Casi 8 sílabas por segundo pronunciamos, por término medio. Esto, que parece solo una curiosidad, tiene su explicación. En el interesante artículo que os enlazo a continuación se expone la causa de tanta velocidad:
No digo yo que no sea cierto lo que se dice en el artículo, pero habrá excepciones. Sin ir más lejos, en La Mancha tenemos el “'¡ea!”, una maravillosa interjección que, en solo dos sílabas, contiene una gran (y variada) cantidad de información, dependiendo del contexto y la situación.
Bromas aparte, quiero aprovechar para recomendaros la página web en la que se publica este artículo, la FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE. Está dedicada al uso correcto del castellano, y en ella encontraréis consultas y dudas resueltas, consejos, artículos y otros recursos interesantes.
sábado, 17 de julio de 2010
Vacaciones hasta septiembre
El club de lectura se toma vacaciones veraniegas hasta finales de septiembre. Ya os avisaremos oportunamente de la fecha de nuestra primera reunión. Mientras tanto, quería comentar algunas cosillas:
¿Habrá algún libro sobre fútbol que merezca la pena comentar?
Una lectura amena y con la que he aprendido mucho.
3) Yo no sé vosotros, pero yo voy a homenajear este verano a D. JOSÉ SARAMAGO (q.e.p.d.), leyendo o releyendo alguno de sus libros.
