
DOCE MUJERES SIN PIEDAD
Aunque resulta obligado partir de
la base y dejar claro que ninguna conducta que roce lo delictivo puede
encontrar razón alguna que la ampare y justifique, también es oportuno señalar
que, tras escuchar las numerosas
opiniones sobre el polémico protagonista de “La vida negociable”, me
sigue planteando dudas su “VEREDICTO DE CULPABILIDAD”.
Es más, la última reunión aportó
claves interesantes, no para (desde un punto de vista legal) absolver a este
personaje-reo, sino para (desde un enfoque psicológico) tratar de indagar en
las causas últimas que motivan su incorrecto proceder. Convendría quizá bucear
en los porqués para comprender y explicar pero sin ánimo de entrar a valorar si,
socialmente, su malvada conducta es o no reprobable o tratar de juzgar si, jurídicamente,
su delictiva trayectoria es o no condenable.
Y es que para analizar con total
objetividad es preciso reunir diversos elementos de juicio y para ello, tal vez
sea conveniente traspasar el plano de mero lector para atreverse a ocupar
durante 333 páginas el complejo papel de
Hugo, ese controvertido sujeto capaz de generar al tiempo una fatal-atracción
mezclada con una lógica-repulsa. Una morbosa mezcla que atrapa (a las pruebas
me remito pues a su paso por La Tertulia centralizó el debate y logró desplazar
el interés sobre el resto de personajes).
Solo si nos ponemos en la piel de
este individuo y hacemos una regresión a los traumas de su infancia podremos
“entender” qué siente, en qué medida sus turbulentas circunstancias condicionan
la perversa evolución de su personalidad y hasta qué punto sus negativos
pensamientos lo inducen a refugiarse en la maldad. Bien entendido que entender
no implica directamente exculpar, menos aún absolver. Lo que no admite duda es
que convierte la transgresión en su leitmotiv y su predilección por lo
prohibido le conduce a acomodarse y recrearse en ella.
Cuando a temprana edad descubre
un secreto familiar inconfesable emprende una particular venganza contra un
hecho que, desde su infantil óptica, registra como alta traición. Idea como vil
estrategia poner precio a su silencio y utiliza esa oculta información como
moneda de cambio para adquirir poder y dominio. Conseguidos éstos, alimenta su
ego y satisface el principal rasgo de su fuerte carácter, la ambición. Esta cualidad-defecto
va en aumento conforme avanza la novela y es precisamente esa ambición
desmedida la que lo empuja a un imparable descenso desde la trastada a la
travesura, de ésta a la canallada, desde aquí un paso al delito… hasta ir
cayendo en picado en el oscuro vacío de la maldad.
Sin restar importancia a la
gravedad de sus acciones y sin negar ese componente maligno innato a su
persona, debo reconocer que este sombrío sujeto me inspira más compasión que
odio, más lástima que rechazo. Y ello porque como afirma de sí mismo “se
encuentra aferrado a sus miserias” (página 132), sin posible escapatoria.
Siendo así, me pregunto:
¿Existe un “negocio con la vida”
más ruinoso que éste? ¿Hay mayor condena que vivir preso de esta esclavitud?
Malhechor probado sí… Pero esa obsesiva rebeldía es ¿con o sin causa?
Nadie está a salvo de sufrir en
un momento dado un descontrolado vaivén que altere nuestro aparente equilibrio
emocional. Quién sabe si esa fe ciega que a menudo depositamos en lo que
consideramos inquebrantables y sólidos valores, puede algún día verse truncada
si aparece, de forma repentina, una circunstancia que escapando a todo lo
previsto hace rotar nuestra íntegra personalidad en un radical y vertiginoso
giro de 180°. Si
este hecho se produjera, es posible que la distinción bien y mal quede
desdibujada y confusos sus límites.
Luego no me atrevería a emitir un
juicio de valor sin riesgo a equivocarme… Ahora bien, si a pesar de todo lo
dicho (y recordando el desarrollo de la anterior reunión) fuera menester comparecer
como jurado y pronunciar un veredicto, considero sería oportuno solicitar que
la composición del mismo quede conformada por un número equivalente de hombres
y mujeres, con objeto de que la votación final resulte compensada y sea
representativa. Puesto que esta circunstancia no concurrió el pasado martes
(prevaleciendo el voto femenino), propongo nueva deliberación y sugiero un
repaso más detallado de este entretenido “sumario novelado” escrito y
rubricado, con ágil pluma y original estilo, por LUIS LANDERO.
Por cierto, no sería de extrañar
que después de una segunda lectura, junto al procesado Hugo, ocuparan también
merecido asiento en el banquillo de los acusados algún que otro personaje
copartícipe de la historia para ser ajusticiados como “PRESUNTO CULPABLE”.
Irene Sánchez
No hay comentarios:
Publicar un comentario